Aún recuerdo la primera vez que fui a una tienda de magia.

No sabría decir cuántos años tenía, pero sí que era bastante joven y la sensación que tuve.

La tienda en cuestión era El Rei de la Màgia, en Barcelona, ubicada exactamente en la Calle Princesa nº11.
Aquel día iba con mi madre bajando por el Portal de l’Àngel, súper emocionado porque me llevaba a una tienda de magia. Era el mismo lugar donde mi tío había comprado mis primeros trucos.

Bajamos hasta llegar a la catedral y, de ahí, hasta la Vía Layetana. A continuación giramos a la izquierda y seguimos nuestro camino por la Calle Princesa. Recuerdo que, a medida que se acercaba el momento estaba más y más nervioso. Una vez en frente del local quedé paralizado.225240_516376938417687_1568144540_n

Los expositores de madera rojiza del escaparate me impresionaron. Recuerdo que por aquel entonces había una mano que apartaba una cortina. Diría que después de unos 15 años, sigue estando.

Carteles de magos clásicos como Houdini o Fumanchú adornaban el escaparate, sobreros de copa, barajas, y algunos artículos de broma completaban el cuadro. Una sensación de miedo extremo se apoderó de mi.

Miré a mi madre y le dije: “Mamá, no quiero entrar”.

Obviamente mi madre con cara de sorpresa me miró y dijo: “Cómo que no? Pero si no pasa nada, es sólo una tienda”.

Ya, pero me da miedo.

Pero si hemos venido hasta aquí para que entres.

Ya, pero me da miedo.

Con resignación y viéndome totalmente bloqueado por el miedo a entrar, mi madre decidió dar media vuelta y desandar el camino.

Creo que pasaron muchos meses hasta que decidí volver a El Rei de la Màgia. Repetí el camino, esta vez solo, como un vaquero caminando hacia la plaza para batirse en duelo.

Llegué al umbral de la puerta, de madera y con cristal. Puse la mano en el picaporte y empujé. El suelo de madera crujía bajo mis pies y Rosa Mª Llop, la dueña, con una sonrisa me dijo “¿Te puedo ayudar en algo?”.

Después del susto inicial respondí que no, que por el momento sólo miraba.

Eso es lo que más me gusta de esa tienda, que puedes sólo mirar. Tiene multitud de cosas para ver y escuchar. Tienen un armario lleno de barajas de cartas nuevas a estrenar, dos mostradores para hacer las demostraciones de los productos, estanterías llenas de libros de magia, una caja con barajas para que las puedas ver y probar antes de comprarlas…

Es un lugar al que siempre entra alguien y pide un juego de magia para un sobrino porque es su cumpleaños, un mago más experto pide un juego elaborado, algún turista entra a ver que se cuece en esa tienda tan antigua…

Y es en esos pequeños momentos cuando aparece la ilusión, empiezan a sacar juegos y trucos, y es como ver una sesión improvisada de magia.

Supongo que por eso le tengo tanto cariño a esta tienda, al el Rei de la Màgia. Posiblemente mi tienda favorita en todo el mundo.

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K.