Un día cualquiera, finales de octubre, con unas nubes bastante negras que amenazaban a lluvia seriamente. Podría parecer que es lo que todo el mundo conoce como un día de perros. Pero sin saber ni como ni porqué, una idea cruzó mi pensamiento: “molaría hacer un efecto que una carta se borra y se transforma en otra carta”.

Rápidamente me empecé a montar la película de como debería ir el efecto, incluso la reacción final del público. “Podría funcionar, creo que tiene potencial”.

Acto seguido, comencé a navegar por mi archivo mental de técnicas mágicas… “esto lo podría hacer así, luego hago esta técnica empalmada con esta otra y BOOM ¡carta borrada!”.

Le acabé de dar forma mentalmente y luego lo pasé a papel. Cualquier cosa sirve para plasmar una idea y, a partir de ahí, empezar a pulirla.

A la hora de comer, ya más tranquilo, cogí mi libreta de apuntes y me puse a reescribir mi idea. El juego original empezó a sufrir las primeras modificaciones de manejos y técnicas. Pronto me puse a imaginar la presentación, la história que les iba a contar a los espectadores. Pero lo que más me preocupaba era encontrar unas técnicas que se me adaptásen bién. Acabé de escribir y lo dejé. Las ideas hay que dejarlas que reposen.

Un par o tres de días más tarde fuí a ver a Micky Conesa, a la tienda del Rei de la màgia. Aproveché la ocasión para hacerle una pequeña entrevista, que en breve podréis leer, y le comenté mi idea del efecto.

“Tienes un error de concepto” me dijo, “cuéntame qué efecto quieres hacer y des de ahí empezamos a trabajar”. Y así lo hicimos, reescribimos mi idea del efecto, cambiamos las técnicas bajo la premisa de “economía de recursos” y sacamos la primera “versión” del truco. “A partir de aquí, practícalo y adáptalo como mejor te vaya”. Acto seguido, me sacó dos o tres variaciones para la revelación final, pero mi nivel mágico no es tan grande como el suyo, así que de momento, sigo con la primera versión.

Tengo una idea, revisada y con potencial. Ahora sólo falta la presentación. “Sólo”…

La presentación es incluso más importante que que el propio efecto, así que tiene que ser buena.

Dos o tres días pensando en como presentarlo pero ninguna de las ideas que tenía me acababan de convencer.

Supongo que esto de la creatividad va a rachas, porqué de la misma forma que se me ocurrió la idea del efecto, apareció en mi mente la idea de la presentación… Polaroid.

Encajé rápidamente la charla con el truco y en mi mente funcionaba perfectamente, ahora tocaba cuadrarlo todo y presentarlo delante de algún espectador.

Y así lo he hecho. Lo he presentado y el espectador ha reaccionado como yo esperaba, parece que este truco puede funcionar en mis rutinas de cartas así que tendré que incluirlo en mi repertorio.
Nos vemos en la próxima.

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“Say cheese”

K.