No os asustéis no es que me haya dado un venazo Raphaelero, esta semana me gustaría contaros lo que me pasó la noche del jueves, porque fue “una gran noche”.

Durante la semana estuve enviando unos mensajes y me di cuenta que Micky Conesa actuaba en el Rei de la Magia. Envié un “whats” a mi círculo mágico y nos animamos a ir a verle el jueves por la noche.

Cuando tienes planes parece que el tiempo se ralentiza, como que no llega nunca el día…

Pero por fin llegó el jueves. Empecé mi jornada laboral como de costumbre deseando que llegara ya la tarde para empezar con “el plan”.

Todo iba según lo previsto hasta que sonó el teléfono:

– ¿Estás muy lejos?

– Acabo de subir al tren para irme a casa.

– ¡Ostras! Bueno, ¿y podrías estar aquí sobre las 20:00?

– Mmm, creo que sí cuando llegue a mi casa te llamo porque tengo que coger el coche y volver.

– Ok, te veo en un rato.

Colgué el teléfono con la sensación: “Ya verás que al final se te va a torcer el plan…”

Llamé a mis colegas para que me compraran la entrada, como iba a llegar justo, así ya teníamos la faena hecha.

Por suerte, llegué al trabajo antes de las 20:00 y le envié un mensaje a Micky.

– ¡Ey! Intenta no empezar muy puntual que voy a llegar justo y ¡ no quiero perderme nada!

– ¡Ok! Pero puede que hoy se cancele la actuación…

– ¡Qué dices! Bueno, ahora te veo.

Conseguí salir del trabajo con tiempo suficiente como para aparcar y llegar al teatro a las 21:00 h en punto. Mientras andaba recibí un mensaje: “estamos dentro”. Parece que al final sí que iba a haber actuación.

Llegué al teatro, saludé a los chicos que estaban en la taquilla, me metí dentro y ¡sorpresa! ¡Éramos los únicos en el teatro!

En total 8 personas: los 3 empleados del teatro (taquilla, bar y técnico de luces y sonido), 4 espectadores y Micky. Tengo que reconocer que, en el fondo, siempre había imaginado algo parecido: una actuación con poca gente, un ambiente familiar, donde el mago deja un poco de lado su personaje y simplemente fluye la magia. Pero no esperaba tan poca gente.

Cuando asimilo que no iba a haber actuación, me doy cuenta que mis amigos no llevaban las chaquetas puestas y que Micky estaba barajando las cartas. (extra: eran unas Bicycle metal luxe, esas que tienen el dorso súper “shiny”) Entendí que íbamos a tener una pequeña sesión de magia, así que me quité la chaqueta, me senté y le presté mi tapete a Micky (puede que sea una chorrada, pero me hizo ilusión prestárselo).

Las cartas empezaron a bailar en las manos de Micky: mezclas, cortes a una mano, cartas que vuelan de una mano a otra…

– Toma, mezcla la baraja. ¿Así está bien? Ahora mézclala tú. ¿Ahí está bien? Perfecto. Tu carta en 2 segundos… 6 de corazones.

– ¿Cómo?

– Tranquilo, que lo repetimos…

Y así empezó la sesión VIP.

Fue una sesión muy especial,  éramos pocos y además todos magos, hubo de todo: juegos, teoría, conceptos, técnicas…

Como dice el refrán: lo breve, si bueno, dos veces bueno. Pues así fue, una media hora de magia pura, como había imaginado que algún día pasaría.

Le agradecimos a Micky el hecho de quedarse y de regalarnos ese rato tan especial.

Como era más temprano de lo esperado nos fuimos a cenar, mis dos compañeros y yo. Y, con el café, volvió a salir el tapete y las barajas…

El tiempo se nos escurrió de entre los dedos y cuando nos dimos cuenta nos estaban “barriendo” del bar, miré el reloj: ¡Las 12!

Nos despedimos y prometimos venir otro día a ver a Micky en sesión “normal”, conscientes de que lo que habíamos visto hoy muy probablemente no iba a repetirse jamás.

De camino a casa, repasaba como había ido el día. “Pues al final ha sido un día cojonudo”.

Sólo queda decir que esta semana en el Rei de la Magia (c/ Jonqueres 15 de Barcelona) actúa Pere Rafart, otro mago al que no os podéis perder y que la semana siguiente vuelve Micky Conesa.

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Hasta cuando queráis.

K.