Es una de las preguntas que siempre sale. ¿Y si falla el efecto qué pasa?

Un fallo es cualquier cosa que rompa la magia del efecto.

Primero tienes que ser consciente de qué ha salido mal. El fallo no tiene que ser necesariamente técnico, puede ser debido a una presentación incorrecta o a un ritmo inadecuado.

Podemos hacer una Carta Ambiciosa técnicamente perfecta, pero si la charla no es buena, pasará de ser un efectazo a un efectillo. Y es un juego lo suficientemente importante como para hacerlo bien (recordad que es con el juego que Vernon sorprendió a Houdini…).

La charla es casi tan importante como la propia técnica del efecto, por lo que debemos prestarle la atención que se merece y el ensayo necesario.

El ritmo en un juego también es importante. Si estamos presentando una mano de póker, el ritmo será ágil, en cambio, los juegos de mentalismo tienen un tono más lento. Imaginad que estamos intentando adivinar una carta pensada por el espectador, y le decimos:

-Piensa una carta, la que tú quieras.

-Mmmm…

-¡7 de trébol!

El espectador va a flipar por el echo de que has adivinado la carta sumamente rápido, pero si le añades un poco de dramatismo, éste va a recordar que adivinaste su carta, la que él había pensado y que era imposible que supieras. De la otra forma simplemente adivinaste su carta.

Lo mismo pasa para la mano de póker, estamos simulando una partida de póker entre tipos duros con traje de rallas, metralletas en las maletas de violín y vasos de whisky en la mesa, hay mucho dinero en juego, no podemos tardar en repartir las manos a los jugadores, la policía podría entrar en cualquier momento en el local…

El echo de encontrar el ritmo del juego nos dará el punto extra para que el espectador se enganche a nuestro efecto.

Los fallos técnicos a veces ocurren, algunos se pueden salvar, otros no. Todo el mundo puede fallar en la ejecución de una técnica: no ha salido lo suficientemente fluida,  la cobertura no era la adecuada o no hemos tenido en cuenta los ángulos… tan sólo tenemos que minimizar riesgos y luego hacer el control de daños.

El control de daños, es clave en cualquier crisis. Tenemos que tener diferentes maneras de solucionar imprevistos, y eso también hay que practicarlo.

De todas maneras la mejor manera de cubrir los “microfallos” técnicos es tu actitud, si tú no prestas atención a una carta descuadrada, probablemente el espectador tampoco lo haga, así que intenta no decir “ups” cuando ocurra. (Eso va por mi…)

Hace una semana estaba haciendo una “reunión de Ases”, la cual llevo meses practicando y creo que está lo suficientemente “madura” como para presentar ante espectadores.

En el último pase, justo cuando los ases debían reunirse fallé en la técnica, seguramente a causa de los nervios, pero eso no importa. Mi As de Picas no estaba donde debía estar. Me había pasado lo mismo durante los ensayos, así que pude reconducirlo y los espectadores no notaron, creo, el desliz.

Tenemos que tener en cuenta que si no han visto nunca el efecto, no saben como va a terminar y ahí tenemos una escapatoria para salvar los muebles.

Otro día tuve un percance con el mismo efecto, pero en un punto crítico del juego. Mi sensación fue como cuando se cae un castillo de naipes en el último piso, la suerte es que a quién se lo estaba haciendo es un entusiasta de la magia y no le importó. Volvimos a empezar el efecto y salió perfecto.

En ambos casos tuve un error técnico, y sé donde lo cometí. Eso me ha hecho más “fuerte” y hábil a la hora de salir de estos bretes.

Creo que fue el gran Dani Da Ortiz el que en una de las miles de entrevistas que le han hecho dijo: “Si te falla un efecto, no pasa nada. Nunca pasa nada”.

Borja Montón, nos recomienda que si nos falla un juego, lo tenemos que practicar más.

Estoy de acuerdo con ambos, y mi pequeña aportación a esta “reflexión del fallo” es: si alguna vez os falla algún efecto, descubrid qué es lo que os ha fallado. Es el punto clave para poder arreglarlo y crear verdadera magia.

 

Nos vemos en la siguiente.

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K.